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Confesiones de mi doble vida. Baja visión

Una niña de apenas un año con unas gafas
Imagen: Niña con gafas
Hoy toca sincerarse y hablaros sobre la "doble vida" con baja visión y cómo el tiempo te ayuda a entender y a superar los miedos.




Aprendí a tener una doble vida por miedo o por vergüenza. A perderme detalles para no levantar sospechas ni miradas indiscretas, a caminar en el alambre para proteger mi supuesta debilidad: mi discapacidad visual. Así fue durante mi infancia y mi adolescencia. Ahora las cosas han cambiado  bastante.

Los años te dan una visión diferente de tu entorno y te permiten liberarte de ataduras absurdas del qué dirán o qué pensarán.

Tener una discapacidad visual de nacimiento no es fácil. Aunque también debo reconocer que me parece más complicada de asumir si aparece en la juventud o ya de mayor.

Yo os puedo dar mi punto de vista. De muy pequeña no sabes qué ocurre, cuando creces no entiendes y luego te haces preguntas y más preguntas y la búsqueda de técnicas que te hagan pasar desapercibida entre la multitud.

Los niños pueden ser muy crueles y algunos de esos niños cuando crecen a veces se entretienen mofándose de los que son diferentes. Eso provoca que la autoestima de quien recibe las palabras o bromitas se desmorone. Entendamos esto desde la perspectiva de la adolescencia y los múltiples complejos que surgen.

Dibujo de un patito verde rodeado de colores
Imagen: Técnica del patito
Pues por esa época es cuando los miedos y esos mismos complejos hicieron aguzar el ingenio y empecé a intentar pasar desapercibida. ¿Y cómo lo hice? Evitando acercarme a los libros o pantallas para leer, es decir, perderme información ya que no veía las letras, no pedir ayuda cuando la necesitaba, no acudir a lugares o quedar con gente por miedo no encontrarlos… y por supuesto en esta época fue cuando surgió al Técnica del Patito (podéis conocer más sobre ella en nuestro artículo "La técnica del patito y la baja visión").
No puedo negar que estas medidas de camuflaje tuvieron sus cosas buenas y me ayudaron a desarrollar el instinto de supervivencia y a utilizar todo tipo de referencias para suplir esas imágenes que no llegaba a ver claramente. Por ejemplo, puede que no vea una letra o una palabra pero por su forma puedo deducir de qué letra o palabras se trata y lo mismo con las personas: por su voz, por su pelo, etc.

Sin embargo, como decía al principio, siento que he vivido dos vidas: la que vivía en la intimidad o cuando me reunía con gente con problemas visuales, y la del exterior, de la calle, fuera del círculo más cercano.

Siempre me ha costado pedir ayuda y dar a conocer mi baja visión pero no me entendáis mal, no por no aceptarla sino porque desde siempre he querido ser igual a los demás, con las mismas oportunidades y las mismas obligaciones y exigencias. Una autoexigencia demasiado alta. Entendía que debía esforzarme el doble y mostrar que podía ser igual a los demás.

Con el tiempo me di cuenta de que esto no funciona así. Que no hay que avergonzarse de necesitar ayuda o apoyo sino que debemos luchar por la igualdad con todas las herramientas que tengamos a nuestro alcance y mostrarnos tal y como somos. Debemos ser libres para vivir plenamente sin miedos ni complejos.

Y sí, aún hoy me cuesta dejar atrás esa doble vida. A veces me dejo llevar por las malas costumbres de aparentar que veo bien, que no me cuesta una barbaridad cruzar las calles si no hay semáforo, pasar de leer el móvil o un libro cuando hay mucha gente cerca, etc.

Sin embargo disfruto más relajadamente los paseos del brazo de alguien, pido ayuda si no veo algo, utilizo dispositivos en público para mejorar la visión y, como podéis leer, llevo 3 años con el blog Ver Sin Límites Accesibilidad donde os cuento algunas de mis vivencias y mucha otra información sobre discapacidad visual. 

Espero que os ayude a entender lo que es la baja visión o la ceguera o a encontrar noticias interesantes para todos, con o sin discapacidad.

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